El sol entraba por la ventana, sentía el calor en mi mejilla, pero no fue eso lo que me despertó, mi cuerpo se estaba estremeciendo y fue esa sensación la que me hizo levemente abrir los ojos despacio.Tu mano acariciaba mi espalda y tus labios besaban mi hombro, era una sensación tan dulce que cerré de nuevo los ojos para no despertarme de lo que creía un sueño.
Entonces tu suave voz me susurró al oído: “Buenos días princesa, el desayuno está listo”, ahí dibujaste mi primera sonrisa de la mañana aunque tú ni si quiera la pudiste ver.
Despacio me giré hacía ti y me recibiste en tus brazos regalándome un leve beso en mis labios. Mi cuerpo se ajustó al tuyo y yo me refugie en tu pecho porque me encanta escuchar el latido de tu corazón.
“Perezosa, se enfría el café”; Levanté la cabeza y me encontré con tu mirada y esa sonrisa pícara que tanto me gusta, sabía lo que aquella mirada tuya significaba porque las niñas como yo aún tomamos colacao por las mañanas.
A regañadientes permití que te separaras de mí, es curiosa la sensación de vacío que siento cuando no te tengo entre mis brazos.
Acercaste la bandeja de nuestro desayuno y mi segunda sonrisa apareció sin preaviso, tú tampoco la esperabas y de igual manera, sin preaviso, recibí el segundo de tus besos, más calido y profundo que el anterior.
Empezamos a desayunar, mi colacao frío me esperaba en la taza que me traje de Roma, con la imagen de los dos angelitos de Miguel Angel.
Aquí perdí la cuenta de mis sonrisas porque si algo nos gusta hacer juntos es eso, sonreír y reír, pero siempre juntos.Poco podía imaginarme que después de desayunar iba también a perder la cuenta de tus besos, al parecer era la única que no lo esperaba porque ya los angelitos de mi taza miraban para otro lado desde el principio.

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ResponderEliminarSoñar despierto tmb se puede y tu lo haces dia tras dia.
ResponderEliminarEs más llevas años soñando despierta, ya era hora de que esos sueños se cumplieran y de vivir realmente tus sueños.