Hoy lo volví a ver pero ya no era el mismo.
Han pasado varios meses de aquel sábado por la mañana en el que un desconocido encogió mi corazón.
No lo conozco, no sé su nombre pero nunca podré olvidar su cara.
Hay personas transparentes que con una simple mirada puedes leer su alma,
en la suya lei miedo ante un futuro incierto, tristeza absoluta que embargaba todo su ser,
abandono, duda, desconsuelo.
Me pidio ayuda: " Por favor, mi mujer me ha abandonado, necesito comprarle ropa a mi hija y no sé hacerlo, ayúdame"
Resulta que a veces es más fácil hablar, desahogarse o pedir ayuda a un desconocido que a cualquier persona de nuestro pequeño mundo.
Hoy lo volví a ver, sonreía, iba montado en una bicicleta y daba vueltas alrededor de la plaza con la pequeña Marina enganchada detrás enfundada en sus patines nuevos.
Esta vez no lei nada, sino que lo sentí, sentí que era feliz, por como sonreía, por como miraba a su pequeña y así a lo lejos me sentí feliz yo también porque el tiempo todo lo cura, o al menos calma el dolor.
¿verdad amigo?