domingo, 27 de junio de 2010

La golondrina y el viento

¿Alguna vez has pensado qué te gustaría ser sino fueras un hombre?
Yo lo tenía claro, una golondrina.
En el Molino, durante esas largas tardes de verano donde mi única compañía era mi imaginación, me pasaba horas observando a estos pájaros de plumaje negro y pico rojo.
Siempre me llamó la atención la capacidad de estos animalillos de anidar en cualquier sitio, debajo de una teja, en los huecos de los árboles, en los agujeritos de las paredes. Si cierro los ojos, aún puedo escuchar el piar desconsolado de sus crias y el cricreo de las cigarras.
Volar, poder volar, ese era mi sueño, ser libre, poder elegir ver el mundo desde arriba para que los horrores de abajo no llegaran a mí.
Entonces llegaste tú y me dí cuenta que una pequeña golondrina no podría superar la distancia que nos separa.
Viento!! Eso es lo que quiero ser, VIENTO!!
Un viento huracanado con suficiente fuerza para llegar hasta tí en cualquier momento pero que tus brazos pudiera convertir en brisa fresca y juguetona que erice tu piel, alborote tu pelo y llene tu alma de esperanza, paciencia y felicidad.

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